La respuesta al estrés laboral crónico se denomina síndrome de burnout (estar quemado), un conjunto de síntomas propios de las personas con desgaste emocional producido por el trabajo. Suele ser más frecuente en profesiones que impliquen el cuidado directo de otras personas, como la docencia y la medicina.

Definido por primera vez en los años 70, el síndorme de burnout o desgaste profesional escribe a las personas que relegan sus necesidades emocionales a un segundo plano en favor de las personas con las que trabajan, o por las que trabajan (profesores, médicos, enfermeros). Como resultado, se producen determinados síntomas emocionales y físicos que pueden comprometer la salud.

Cualquier persona puede desarrollar este síndrome independientemente del trabajo que ejerza, por ejemplo, a causa de cargas familiares. El síndrome de burnout no surge de manera repentina, sino que suele desarrollarse durante un periodo de tiempo largo. Las personas con una alta motivación y compromiso iniciales se resignan poco a poco y se retraen cada vez más socialmente. Más adelante aparecen molestias físicas como cefaleas, cansancio, trastornos del sueño, problemas gastrointestinales o signos de depresión.

Las causas del síndrome de burnout son múltiples y pueden variar considerablemente. Por lo general, las cargas intensas de diversa índole o el estrés continuado, ya sea laboral o familiar, desempeñan un papel en su aparición, especialmente cuando al mismo tiempo el trabajo del individuo no se ve reconocido, o no en suficiente medida, o el paciente supera el estrés de manera desfavorable para sí mismo. Las personas que padecen el síndrome de burnout no se preocupan lo bastante por concederse fases de calma y relajación, y reprimen durante mucho tiempo las señales de alarma de su cuerpo.

A la hora de tratar este síndrome es clave que los pacientes reconozcan que precisan ayuda y la acepten. A largo plazo es imprescindible que modifiquen los patrones de conducta y hábitos que han seguido hasta entonces y otorguen importancia a un estilo de vida saludable. Los pacientes han de aprender a identificar y atender sus propias necesidades, y lograr un equilibrio entre la rutina laboral y la relajación. Las personas que buscan ayuda a tiempo y colaboran activamente en el tratamiento cuentan con buenas perspectivas de mejora.

Definción

El término inglés burnout significa estar quemado. El síndrome de burnout (desgaste profesional) se definió por primera vez en los años 70 y describe un estado de completa fatiga física, emocional y mental, acompañado de una disminución de la capacidad de rendimiento.. Las personas que padecen este trastorno sienten un agotamiento extremo y, con frecuencia, vacío interior.

El síndrome de burnout afecta sobre todo a individuos con profesiones sociales u otros trabajos en los que es necesario ocuparse de otros. Entre los empleos que presentan mayor riesgo se encuentran, por ejemplo, el de trabajador social, médico, profesor, enfermero o cuidador de ancianos. Sin embargo, también las personas que pertenecen a otros grupos de profesionales pueden sufrir el síndrome de burnout. Asimismo es habitual que las personas con grandes cargas familiares desarrollen este síndrome.

Incidencia

Se estima que, aproximadamente, el 10% de todos los trabajadores que ocupan puestos en grupos laborales de riesgo (profesores, médicos o enfermeras) están afectados por el síndrome de burnout. Entre el 20 y el 30% de las personas que trabajan en estas áreas corren el riesgo de sufrir el desgaste profesional.

Según diferentes autores, entre un 25% de profesores, de un 30 a un 50% de médicos y de un 20 a un 30% de enfermeros sufren este síndrome (cifras mundiales).

Causas

El origen exacto del síndrome de burnout no está determinado en un 100%. Sin embargo, las posibles causas se encuentran en los esfuerzos o sobrecargas del entorno laboral correspondiente (exceso de responsabilidad, mal clima de trabajo, estrés, conflictos latentes, jerarquías confusas, acoso laboral o miedo a perder el empleo). Se cree que la combinación de factores psicológicos y cargas laborales propicia la aparición de este trastorno.

Afecta normalmente a aquellos trabajadores que se comprometen y están a disposición de los demás, pero cuyo desempeño apenas se ve reconocido por sus superiores tienen un riesgo más elevado de agotar interiormente sus fuerzas. algunos factores de riesgo para el desarrollo de este síndrome son los siguientes:

  • Exceso de responsabilidades
  • Perfeccionismo pronunciado
  • Gran ambición
  • Fuerte sentido de la responsabilidad
  • Ansia de poder solo con todo el trabajo

El desgaste profesional es el resultado de un largo proceso en el que un entusiasmo intenso inicial se trasforma finalmente en desilusión, frustración e indiferencia.

Síntomas

El síndrome de burnout no constituye un cuadro clínico homogéneo, sino que puede manifestar los síntomas físicos o psicológicos más diversos. Estos se desarrollan a lo largo de un periodo de tiempo extenso, y no de manera súbita. Las molestias físicas asociadas al síndrome de burnout no tienen una causa orgánica, son psicosomáticas. Esto quiere decir que los problemas psicológicos derivan en síntomas físicos.

Entre las molestias físicas que pueden presentarse en el síndrome de burnout se incluyen las siguientes:

  • Agarrotamientos o contracturas musculares
  • Cefalea
  • Molestias gastrointestinales (por ejemplo, náuseas, espasmos abdominales o dolor de estómago)
  • Vértigo
  • Trastornos del equilibrio
  • Trastornos del sueño
  • Propensión a infecciones
  • Dificultad para respirar
  • Urticaria
  • Hipertensión
  • Fatiga crónica
  • Palpitaciones o taquicardias

Las molestias psicológicas habituales en el síndrome de burnout son las siguientes:

  • Baja autoestima
  • Mayor vulnerabilidad ante las decepciones o las pérdidas
  • Predisposición al estrés
  • Disminución de la satisfacción laboral
  • Signos de depresión (por ejemplo, abatimiento, tristeza o falta de interés)
  • Falta de implicación
  • Desgaste o daño emocional
  • Pérdida de ideales
  • Infracción de normas
  • Disminución del rendimiento
  • Absentismo
  • Accidentes laborales

Diagnóstico

Las personas que sufren síndrome de burnout (desgaste profesional) perciben, en primer lugar, las molestias físicas o psíquicas y acuden por ello al médico. Para establecer un diagnóstico el profesional sanitario ha de descartar posibles causas físicas de tales molestias. En caso de no hallarse un origen físico del malestar, puede ser conveniente la derivación a un psicólogo, quien está en disposición de ahondar en la situación vital concreta del paciente, analizar los aspectos laborales, familiares o de pareja y detectar las situaciones que conllevan una sobrecarga.

Es necesario descartar una depresión como posible causa de las molestias, si bien no siempre es factible delimitar ambos trastornos con claridad.

Otras causas que deben ser excluidas son las siguientes:

  • Fibromialgia (dolor muscular no inflamatorio)
  • Síndrome de fatiga crónica
  • Trastornos del miedo
  • Trastornos del sueño
  • Hipotiroidismo

Tratamiento

El tratamiento del síndrome de burnout se establece, sobre todo, en función de las molestias concretas que presenta el paciente y de su intensidad. Por tanto, el tratamiento debe adaptarse individualmente al estado del paciente. El inicio temprano del tratamiento favorece el efecto sobre la evolución del trastorno. Además, cuanto antes reconozca y acepte el paciente que necesita ayuda, mejores serán las perspectivas del tratamiento. Tras este primer paso fundamental los pacientes deben tratar de liberarse de las cargas que soportan y evitar en la medida de lo posible aquellos factores que saben que les originan estrés.

Por otra parte, es recomendable reservar tiempo y espacio para las cosas que le hacen disfrutar a uno mismo, como las aficiones, los paseos en la naturaleza o la práctica de deportes. Renovar las relaciones con amigos y familiares que se han desatendido en el pasado también es muy positivo. Mantener los contactos sociales es muy importante, al igual que aceptar la ayuda de amigos o familiares ya que refuerza la autoestima y le muestran a uno que no está solo. Analice su propio perfeccionismo y disminúyalo si es necesario. Haga “la vista gorda” de cuando en cuando. Lo mismo se aplica a las expectativas irrealistas o exageradas respecto a su puesto de trabajo.

Si está dispuesto a aceptar la ayuda de médicos y terapeutas en el tratamiento del síndrome de burnout, puede aspirar a lograr diversas metas. Entre estas se incluyen mejorar sus habilidades sociales y ser capaz de distanciarse mejor de todo. Aprenderá a hacer valer sus intereses frente a los demás y a manejar los conflictos. Ha de poder rechazar los trabajos desagradables y las tareas adicionales. Por ejemplo, en determinadas circunstancias es posible acortar o reducir en número rápidamente las reuniones excesivas o demasiado largas tras discutirlo con el jefe. Los seminarios de gestión del tiempo pueden ayudarle a mejorar la planificación de su horario.

Consejos para la relajación a corto plazo

Existen métodos muy diversos para lograr la relajación, como la práctica de algún deporte, el mindfulness, el yoga o la meditación. Algunas ideas para lograr reducir el estrés a corto plazo:

  • Respirar profundamente y estirarse. Este ejercicio hay que repetirlo durante uno o dos minutos. Un consejo puede ser contar las respiraciones mientras liberamos a la mente del resto de pensamientos.
  • Apartar los pensamientos responsables del estrés y concentrarse en algo agradable, o bien neutro. Por ejemplo, escuchar música o pensar en el próximo destino de vacaciones.
  • Tener pensamientos positivos (“sé hacerlo”, “puedo lograrlo”).
  • Descargar el estrés físicamente, por ejemplo, realizando ejercicio físico.

Estrategias para superar el estrés

Las personas que sufren síndrome de burnout deben tratar a largo plazo de desarrollar estrategias más efectivas para vencer el estrés cotidiano.

Para ello resultan útiles técnicas de relajación como las siguientes:

  • Relajación muscular progresiva de Jacobson
  • Entrenamiento autógeno
  • Mindfulness
  • Yoga
  • Meditación

Terapia de movimiento con ejercicios isométricos de la región cervical, dorsal y lumbar: estos ejercicios se caracterizan por no variar la elongación del musculo a pesar de cambiar la tensión muscular, por ejemplo, enganchar los dedos a la altura del pecho y hacer fuerza con ambos codos hacia fuera.

Con ayuda de la terapia cognitiva conductual es factible reconocer y modificar de manera específica los patrones de actuación o los enfoques negativos. En ocasiones también puede ser adecuada la terapia psicológica profunda. Cuando las molestias asociadas al síndrome de burnout son muy intensas, en ciertos casos es recomendable someterse al tratamiento psicoterapéutico de forma estable, pautada, en una clínica. Si el síndrome de burnout es acusado, los antidepresivos o los fármacos contra los trastornos del sueño ayudan a corto plazo.

Evolución

Cuando los pacientes reconocen y admiten el hecho de que precisan ayuda y la aceptan, las perspectivas de mejora son buenas a largo plazo.

Si no se trata, el síndrome de burnout se caracteriza en sus estadios iniciales, en sus comienzos, por un intenso agotamiento psicológico y un compromiso excesivo en el trabajo o la familia. Sin embargo, el entusiasmo inicial por el empleo se reduce cada vez más. Los pacientes empiezan a distanciarse internamente de su profesión. En estos casos, se habla de dimisión interior.

La motivación existente en un principio se transforma lentamente en un sentimiento de fracaso. Algunos pacientes muestran de repente una conducta agresiva inesperada y reaccionan cada vez con mayor irritación ante clientes, colegas, alumnos o pacientes. Es posible que lancen reproches generalizados y hostiles a todas las personas de su entorno. Aumentan considerablemente los pensamientos negativos y se incrementan las ausencias en el trabajo.

La vida emocional, social e intelectual queda relegada cada vez más a un segundo plano. Los pacientes pierden el sentido de sus propias necesidades. Las personas con síndrome de burnout reaccionan ante el día a día y las vivencias casi exclusivamente con cinismo, ironía y sarcasmo. Dejan de participar en la vida social y se retraen. Las molestias físicas tales como cefalea, trastornos del sueño y agarrotamiento muscular, aparecen con mayor frecuencia.

En esta fase los pacientes tratan de combatir las molestias con medicamentos y no es inusual que tomen tranquilizantes o estimulantes, así como somníferos y analgésicos. El estrés elevado es un riesgo en el abuso de sustancias estupefacientes como el alcohol, lo que entraña el riesgo de desarrollar una adicción.

Si no se recibe tratamiento, el síndrome de burnout puede progresar y derivar en el peor de los casos en un sentimiento extremo de angustia y desesperanza. Llegados a ese punto muchos pacientes no ven sentido a la vida y es posible que tengan pensamientos suicidas. Por ello es aún más importante que este trastorno se trate a tiempo.

Prevención

Prevenir el síndrome de burnout es posible si se toman medidas tan pronto como aparezcan los primeros indicios de estrés laboral o estrés familiar intenso.

En general todas las medidas para reducir el estrés pueden ayudar a prevenir el síndrome de burnout. Se recomienda encontrar un equilibrio saludable entre las cargas laborales, las cargas familiares y la relajación o el tiempo libre. Los esfuerzos excesivos, ya sea en el trabajo o en el entorno familiar, no deben convertiste en algo permanente. Las sobrecargas deben aparecer solo durante un tiempo breve o reducirse rápidamente.

Reuniones de trabajo periódicas

En el día a día laboral resultan de ayuda, por ejemplo, las reuniones periódicas en las que intercambiar pareceres con compañeros sobre temas de trabajo y, de esta manera, poder clasificarlos mejor en cuanto a su relevancia. Si existen problemas laborales se presenta la posibilidad de elaborar estrategias para solucionarlos junto con los compañeros de trabajo. Además, las reuniones periódicas hacen que uno no se sienta aislado ni tenga la sensación de tener que hacerlo todo solo. En estos encuentros es importante que también se den valoraciones positivas, es decir, que se aprecie el rendimiento de cada empleado.

Entrenar la percepción

Entrenar la percepción de uno mismo y de lo ajeno, descubrir qué circunstancias contribuyen al síndrome de burnout y valorar si pueden modificar. Tratar de delegar tareas en el trabajo y de no hacerse cargo de todo solo. Esforzarse por ser menos perfeccionista.

Aprender a decir no

Determinar cuáles son las necesidades y objetivos vitales, y dónde se encuentran los límites reales. Compensar el estrés durante el tiempo libre y dedicarse a aquellos intereses que relajen y diviertan. Cuidar las relaciones sociales, pero sin comprometerse en exceso con ellas. Aprender a decir no de vez en cuando, tanto en el trabajo como en su círculo de amistades o familiar, en lugar de sacrificarse por los otros.

Es recomendable seguir una alimentación equilibrada con suficiente aporte de fibra, fruta fresca y verdura. Además, es más saludable elegir platos de fácil digestión y evitar las comidas pesadas. El consumo de alcohol y café ha de ser moderado y no debe ser utilizado a diario como un instrumento para liberarse del estrés. Es recomendable abandonar el hábito tabáquico. Practicar al menos 30 minutos de ejercicio al día. Montar en bicicleta, pasear o hacer footing. Estas medidas ayudan a reducir el estrés.

Buscar la relajación

Las técnicas de relajación pueden ser una ayuda para afrontar el estrés del día a día con mayor serenidad. Estas técnicas incluyen, por ejemplo, el entrenamiento autógeno, los ejercicios respiratorios o la relajación muscular progresiva de Jacobson. También el yoga, la meditación, el Qigong y el Tai Chi combaten el estrés. Asimismo es importante encontrar momentos de descanso periódicos en la rutina diaria. En determinadas circunstancias, y en función de la situación personal, puede ser conveniente a largo plazo un cambio de puesto laboral.

Fuentes

Medicina de Familia. Principios y práctica; Robert B. Taylor; 2006; Masson.

Atención Primaria. Conceptos, organización y práctica Clínica; A. Martín Zurzo, J.F Cano Pérez; 2003; Elsevier.

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